Tu llegada al mundo fue así. Vol.7

Tu llegada al mundo no fue como le cantaba Antonio Flores a su hija, a ti no te costó salir. Tú estabas deseando conocernos y gritar al mundo: ¡ya estoy aquí!

21 septiembre 2017

Llegamos al Hospital Universitario de San Joan, yo en ambulancia y Jaume en coche. Me pasaron directamente a monitores para controlar que todo seguía igual. Tras un ratito largo me subieron a planta. Me dijeron que el cuello del útero ya estaba bastante borrado, así que no podía moverme de la cama, ni si quiera para ir al baño. Tenía que permanecer en cama lo máximo posible para que las contracciones se frenaran por completo. En ese momento me parecía algo impensable, postrada en cama, sin poder moverme, ¿en serio? !no me lo podía creer! Pero si me encontraba bien y podía moverme como si nada!En fin, si los médicos lo dicen, será por algo y por el peque lo que haga falta.

Una vez en la habitación conocí a mi compañera, Natalia, una súper mami que llevaba en cama aguantando ni más ni menos que 2 meses. Yo llevaba unas horas y estaba que me subía por las paredes!En situaciones así, te das cuenta de lo frágil que es la vida y del auténtico milagro que crece dentro de la mujer. Es tan fácil que salga bien y taaaaaan fácil que pueda pasar algo y salga mal… Pero aún así, es lo más, lo más maravilloso que puede llegar a sentir una persona, ese latido, esa patadita…. lo recuerdo y me emociono.

Las horas pasaban, y las contracciones disminuyeron en fuerza y frecuencia pero en ningún momento desaparecieron. A lo largo del día nos visitaban médicos, matronas y enfermeros para controlarlas a través de ecografías y monitores (creo que en esos días me llevaron a monitores una decena de veces). Además, me volvieron a poner maduración pulmonar, ya que decían que si se repite la dosis a los 15 días se consigue un mayor éxito.

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22 septiembre 2017

Llegamos al viernes 22 de septiembre, por la noche. Era la última noche de medicación (ponen una medicación intravenosa por gotero -cuyo nombre ahora no recuerdo- para frenar las contracciones durante 48 horas; tras un descanso de 24 horas, se administra la siguiente dosis).

Esa noche la pasé fatal. Las contracciones volvían a ser más frecuentes y un poco más molestas. Jaume se pasó la noche móvil en mano, contando las repeticiones y trayendo la cuña cada momento; una noche de perros total. Así que, al amanecer, le dije a Jaume: “cariño ves a casa a ducharte que hoy vamos a conocer a nuestro peque”. Y el instinto de mami ya corría por mis venas, porque no me equivoqué.

23 de septiembre de 2017, la fecha más bonita del mundo mundial.

Tú llegada al mundo fue mágica. Estoy escribiendo y tengo una sonrisa de oreja a oreja mientras me resbala una lágrima por la mejilla. Sabía que ese día te conocería y, en lugar de tener miedo, desde dentro ya me transmitías una paz…

Me había imaginado cientos de veces como podía ser tu llegada, había oído mil historias y lo único real que se repetía en todas esas historias es que no hay un parto igual, cada persona tiene el suyo propio. Así que ahí estábamos esperando a tener el nuestro, único e irrepetible.

Sobre las 12 me bajaron a partos, me metieron con mi querido “monitor” enganchado a la barriga en una pequeña salita a esperar el momento. Había un montón de mamis a punto de dar a luz y por eso todavía no dejaban pasar a Jaume (para respetar al resto), que era lo que más necesitaba en ese momento.Mi cabeza no paraba de pensar en que iba a tener un bebé, mi bebé, y deseaba con todas mis fuerzas que naciera sano; me daba igual si tenía que soportar dolor, sólo quería que viniera bien.

De vez en cuando venía a verme una matrona o mi matrón, Paco (nunca lo olvidaré), un profesional de los pies a la cabeza. Cada vez que entraba, le preguntaba cuándo empezaría los ejercicios de pelota con mi marido y él se reía y me decía “ahora, enseguida”. Justo cuando decidí ponerme música en el spotify del móvil para intentar relajarme, entró Jaume y todos mis pensamientos se esfumaron… (jejeje!también tiene ese poder sobre mí. Cuando lo tengo cerca siento que no me puede pasar nada malo). Paco me dijo que firmara la epidural, porque las contracciones podían ir a más y, estando el anestesista, tenía aprovecharlo. Firmé los consentimientos como pude, ya que empezaban a molestarme bastante.

Pasado un ratito, empecé a tener unas ganas locas de empujar, me miró y me dijo: “ni epidural ni nada, !viene ya!” Cómo? Ya? En serio? No me lo podía creer! Estaba a punto de abrazar al amor de mi vida. Entrando a la sala, tras dos súper empujones muy fuertes -y un par de gritos de guerra que hasta mi familia pudo oír desde el pasillo- ya estaba aquí. Le oímos llorar enseguida. Fue todo tan rápido que al papá casi no le dio tiempo de ponerse la bata. En cuanto le oí, me preparé para que me lo pusieran encima -necesitaba notar su piel, su olor, sentirlo…- pero sólo me dejaron darle un beso y los pediatras se lo llevaron enseguida. Antes de irse, escuché a mi marido decir a los médicos: “¿Está bien?, ¿Tiene alguna enfermedad o síndrome?”. Creo recordar que le dijeron que parecía que no.

El papá se fue con él. Y ahí me quedé yo, mientras me cosían, sintiéndome extasiada de felicidad y a la vez super vacía y sola. Había nacido, parecía que estaba todo bien, pero ni siquiera lo había podido coger unos segundos. Esa personita que durante meses había formado parte de mi ser ya no estaba a mi lado. Estuve un par de horas descansando hasta que me subieron a la habitación (allí estaba toda nuestra familia esperándonos). Los médicos me recomendaron que descansara y que ya subiría a la UCI de neonatos por la noche o al día siguiente.

Creo que no hay cosa más triste para una mamá que termina de dar a luz que volver a la habitación con los brazos vacíos. 

No podía esperar, así que le pedí a Jaume que me trajera una silla de ruedas y que me llevara de inmediato a ver a mi bebé.Nada más verlo, rompí a llorar, a llorar desconsolada, era tan pequeñito, tan bonito y tan nuestro. Estar a su lado y acariciarlo era como tocar el cielo. Pasamos con él un buen rato, pues la política de ahora es que los papis pueden estar todo el tiempo que quieran (aunque se recomienda descansar bien, porque allí estás de pie o en una silla). Más tarde nos bajamos a la habitación donde nos esperaban todos nuestros amigos. Estábamos borrachos de felicidad contando nuestra experiencia.

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Dormimos del tirón y al día siguiente nos visitó la pediatra que atendió el parto. Nos pidió hablar a solas con nosotros y ahí vino el primer impacto. Nos dio la enhorabuena por Jaimete y nos dijo que por ahora parecía que de salud estaba muy bien, que pesaba poquito, que irían observando, pero que, no había necesitado oxígeno, respiraba él sólo desde el primer momento (benditas inyecciones de maduración pulmonar) y su corazón también parecía funcionar bien. Faltaban las pruebas metabólicas y ya está. Nosotros felices de escuchar que nuestro Jaime aparentemente no tenia nada. Y en ese momento vino un pero. “Está sano, pero algunos médicos tenemos dudas”. -Dudas, ¿dudas de qué?-. La mitad de nosotros cree que está perfecto y que sólo es pequeño, pero otros creen que tiene unos rasgos que recuerdan a bebés con Síndrome de Down. para salir de dudas hemos pedido las pruebas del cariotipo”.

Nos quedamos mudos, no sabíamos que era eso, tan sólo nos quedaba esperar 15 días. No quisimos decir nada a nadie hasta saber los resultados. Y mientras, nos dedicamos en cuerpo y alma a nuestro pequeñajo.

Escrito por

Proyecto para dar visualización y voz a las personas con Síndrome de Down. Desterrar mitos y creencias, y caminar juntos hacia una integración social real.

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